
Capítulo 1: El Descenso.
Eran las 5:30 de la tarde y el camino era largo para tan poco tiempo. Las formulas de Einstein, Newton y demás grandes científicos no deberían funcionar si queríamos alcanzar nuestro objetivo. La hora final eran las 6.
Partimos de un piso 18 con destino al piso 14. Nuestro objetivo más cercano eran uno billetes que se nos harían imposible obtener por la desdicha de un compañero de cuarto perdido. Rápidamente mi compañero y yo nos trazamos un plan B, al cual debido a las circunstancias, debimos abrazarnos con esperanza.
Al retornar al nuestro punto de partida y con 3 minutos de menos, nos dimos cuentas que debíamos romper las leyes de la física al tardarnos 2 minutos o más pidiendo el dinero a los valerosos caballeros de los módulos de Contabilidad, Servicio Autónomo y Mercantil, los cuales estaban enfrascados algunos luchando contra otros temibles adversarios:
Capítulo 2: El trayecto.
Con paso apurado y las manos en los bolsillos atravesamos la calles desconfiando de todas las personas. Todo es sin darnos cuenta que nuestra principal enemigo era un perrito, el cual evitaba nuestras miradas para no presentarse sospechoso.
Después de bajar las escaleras del metro, perdimos a nuestro espía. Ya en los niveles del subsuelo debimos comprar 2 tickets para el correcto uso del transporte público. Esperamos el próximo tren el cual abordamos con impaciencia y cautela. Sentados mi amigo, el persona incognito conocido como El Jerry, me comentaba algunas reflexiones acerca del destino. Me decía que si el destino nos iba a favorecer todo nos iba a ir bien. Yo miraba impacientemente el reloj y sudaba frío mientras veía a “El Jerry” todo relajado y con cara de confianza. El mundo se me venía abajo, el tiempo no daría y ya estaba convencido de eso. Perderíamos nuestro contacto en caso de no llegar a tiempo. Yo con todo el peso del mundo sobre mi conciencia miraba constantemente el reloj. Ya me parecía sentir el segundero en mi cabeza: 5:47:33pm, 34, 35, 36, 37, 38… Yasma no te preocupes que el reloj tiene 2 o 3 minutos de adelanto.
En ese momento me pareció haber salido de un río congelado sin abertura por donde salir. Todo el peso que sentía se había liberado. Aún nos teníamos una luz de esperanza.
Capítulo 3: Las 4 esquinas.
Arribamos a nuestro segundo objetivo a las 5:55, el metro se detuvo y nosotros salimos corriendo hacia la salida. A pasar por el comprobante de los tickets yo y “El Jerry” ofrecimos nuestro comprobante sin obtenerlo de vuelta. ¿Que había pasado? ¿Sería esta una señal del destino mostrándonos que no alcanzaríamos nuestro objetivo principal? ¿Se cumpliría la profecía que mi amigo me había comentado en el metro? Sin tiempo para pensar en esto subimos rápidamente las escaleras buscando la salida.
Cuando salimos al exterior y nos dio el sol del atardecer nos dio el sol. Miramos el reloj de mi compañero y ¡que sorpresa¡ aparte de quedarnos solamente 2 minutos vi a unos
Olvidando a nuestro enemigo ya que nuestra misión estaba en peligro, nos orientamos en pocos segundos, localizamos rápidamente los 4 puntos cardinales: Salida del Metro #1, Salida del Metro #2, Salida del Metro #3 y Salida del Metro #4. Aún localizados en tiempo y espacio nos dimos cuentas que estábamos perdidos. Preguntamos por una persona cerca por el Edificio Provincial, pero está al parecer no nos quiso ayudar, pues nos dijo que no sabía con mas cara de perro que nuestro espía.
De pronto el agente “El Jerry” vio a lo lejos un punto de referencia, una gran tienda de venta de autos Cheverolets. Me dijo, me contaron hace años de esa tienda en Praga, además está en nuestro mapa del tesoro. ¡El mapa! ¿Cómo pudimos olvidar esta preciada información?. Lo sacamos y nos dimos cuenta que efectivamente el edificio que buscábamos estaba al lado.
Rápidamente interrumpimos el tráfico de la tarde en dirección al edificio. Al llegar a este entramos en una pequeña tienda de celulares, el cual nos percatamos no tenía escalera, por lo que regresamos a la calle a buscar otra vía de entrada.
Bordeamos el edificio con mucha premura hasta encontrar una sencilla puerta la cual en nuestro desespero penetramos y encontramos un pequeño elevador para capacidad de 3 personas.
- Ya no esta aquí salió hace un momento…
Capítulo 5: Los MP4s.
El próximo segundo fue interminable, parecía que el mundo se acababa. Habíamos fracasado. Todo había sido por gusto, y seguramente pasaría al próximo día, y al siguiente, y al siguiente, así sucesivamente, sería una misión imposible. Pero fue en solo en ese momento que el dependiente nos miró con cara sospechosa, sonrió y continuó
- … pero yo los puedo atender. ¿Qué necesitan?
Aquellas palabras fueron toda una sorpresa para nosotros. Me quedé anonadado y me di cuenta de lo mal profeta que era mi compañero de viaje. Le explicamos nuestra compra y nos respondió sencillamente que con el usuario de mercadolibre resolvíamos todos los problemas. Al darle todos los datos escogimos el color de nuestras nuevas armas para combatir el aburrimiento, los cuales fueron 2 negros y un blanco.
Revisamos la mercancía la cual tenía ciertas características. Se puede escuchar música, ver video, grabar voces, escuchar las grabaciones, leer libros electrónicos, escuchar radio, ver fotos y tiene hasta un juego. En su caja venían un cable para conectar con usb y un cargador, ya que este presenta una batería de aproximadamente hasta 10 horas.
El dependiente se percató de nuestra propiedad de extranjeros y nos explicó que muchos cubanos iban a ese lugar a adquirir otros productos. Arreglamos todos los asuntos pendientes en un ambiente donde primo el respeto y la cordialidad. Nos despedimos y nos dimos a nuestra última tarea: el regreso.
Capítulo 6: El regreso de los mikis.
Al salir del edificio, nos dirigimos hacia el metro el cual bajamos con el nivel rojo de precaución. Cuando llegamos a la parte mas baja recordamos el percance de los tickets y no dimos a la tarea nuevamente obtener unos nuevos.
Al hacer una agonizante cola de 6 o 7 personas obtuvimos nuestro pasaje de transporte y abordamos el tren, no sin antes ver a nuestro pequeño espía que nos guiñaba un ojo y nos saludaba diciendo: Hawariskeing now!!!! Good boys!!!
Que sorpresa nuestro pequeño amigo no era de
Nosotros lo saludamos simpáticamente y nos montamos en un repleto tren de personas, el cual estuvo parado por fallas eléctricas alrededor de 20 minutos. Al llegar a nuestro destino final íbamos a salir del tren, donde por un momento nos detuvo un póster del tren el cual decía:
Peor que fracasar es no haberlo intentado.....
Autor: Yasmany Molina.
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